Con el paso de las estaciones no solo cambia el clima, también lo hacen nuestras rutinas, nuestros planes… y, por supuesto, lo que nos apetece comer y la forma en la que cocinamos en casa. No es lo mismo un día de frío en invierno que una comida rápida en verano, y eso se nota directamente en cómo preparamos la carne y en los platos que elegimos en cada momento.
Invierno: platos que reconfortan
En invierno, cuando bajan las temperaturas, lo que más apetece son platos calientes y consistentes. Es la época de los guisos, de los estofados y de los platos de cuchara, de comidas que se preparan con tiempo y que suelen disfrutarse en compañía. Cocidos, lentejas con carne o un buen estofado de ternera son algunos de los platos que nunca fallan cuando hace frío.
Primavera: volver a lo ligero
Con la llegada del buen tiempo, poco a poco todo cambia. Empiezan a apetecer comidas más ligeras, más sencillas y con menos elaboración. También vuelven los planes al aire libre y las comidas más improvisadas. En esta época es más habitual optar por carnes a la plancha, brochetas o platos con guarniciones más frescas. No se trata de dejar de lado la carne, sino de adaptarla a una forma de comer más ligera y flexible.
Verano: sencillez y frescura
Con el calor se buscan opciones más rápidas, fáciles de preparar y que no obliguen a pasar demasiado tiempo en la cocina. La carne sigue estando presente, pero en formatos más prácticos: bocadillos, embutidos, platos fríos o comidas que se pueden llevar a la playa o a la piscina. Es otra forma de disfrutarla, más sencilla, pero igual de habitual en el día a día.
Otoño: el regreso a los sabores más intensos
Con la bajada de temperaturas, la cocina vuelve a cambiar. Empiezan a volver los platos más elaborados y los sabores más intensos. Apetece encender el horno, cocinar con más calma y recuperar recetas que requieren algo más de tiempo. Es una época de transición en la que conviven platos más ligeros con otros más contundentes, como carnes al horno o guisos más suaves.
Una forma natural de adaptarse
Al final, no se trata solo de la carne en sí, sino de todo lo que la rodea. El momento, el clima, el tiempo del que disponemos o incluso con quién compartimos la comida influyen en cómo cocinamos y en cómo disfrutamos cada plato. Adaptar la carne a cada época del año no es algo complicado, es algo que hacemos de forma natural, casi sin darnos cuenta.
¿Tú también cambias tu forma de cocinar según la época del año? Nos encantará leerte.
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